La mala costumbre de buscarle culpables a las penas y tristezas se me ha ido acabando, he aprendido a apuñalar el espejo en vez de las entrañas de alguien más, muchas veces inocentes otras no tanto pero al final los únicos dueños de nuestros actos somos nosotros, los provocadores del destino, los que nos prestamos a sus juegos y luego nos quejamos.
No creo que sea el clima, no creo que sea el presente, es tal vez el cumulo de recuerdos que se vienen a mi cabeza en protesta, cuestionado porque esta aventura la estoy viviendo sola y no como algún día se soñó, le di falsas ilusiones a mis recuerdos y le prometí a mis sentidos anhelos que aun no he podido cumplir, situación que aumenta esta melancolía subyacente que ha dado vueltas tras de mí en cada paso y visita de este corto descanso, que aunque merecido e inspirador, ha traído un sinsabor cargado de soledad.
Esta visita la debo repetir, pero con buena compañía, tal vez alguien que tenga la confianza suficiente para darme un choque eléctrico si lo necesito y espantar con eso la huelga de recuerdos que insisten en arruinar mi viaje.
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