domingo, 20 de marzo de 2011

M

Hace mucho me dejo de importar el fin del mundo, la muerte y su continuación. Pretendo cuidar mi presente, preservar mi pasado ( para no recaer en errores ya cometidos y celebrar triunfos viejos cuando mi ego lo requiera), planear y organizar mi futuro a largo plazo (entiéndase largo plazo: una semana) y no atormentar mis días con las horas que tal vez no viviré, tanto desastre natural, tanta muerte masiva, tanto crimen impune no deja mucho que desear, es mejor guardarse los sueños e ir buscando espacio para ellos a medida que amanezca respirando y con el alma puesta. No es que sea pesimista pero si me he vuelto prevenida, no quiero que se me echen a perder mis sueños que son mis tesoros mas preciados.

Pero no es tan difícil cuidar las cosas que nos pertenecen, lo difícil es cuando la inquietud vestida de desvelo nos despierta con gotas de incertidumbre en la madrugada, y dice con voz cálida para no asustar tanto: "No son solo tus sueños, también son los de él"... eso ya es diferente, ahí me doy cuenta que la vida cambio y que ya no soy solo yo y mis tesoros, ya caerse no importa siempre y cuando el este de pie, se empieza a desvanecer lo ajeno y todo se vuelve de los dos... cada esperanza se hace voluble a su petición y cuidar el presente junto a él se convierte en una necesidad... es donde entiendo porque el final dejo de importar y que su mirada es mi único futuro escrito.

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