lunes, 15 de agosto de 2011

MIDNIGHT IN PARIS


La felicidad que puede dar una buena melodía mientras cura una derrota, esa felicidad que solo surge al final de una buena película o de un brindis inesperado, va sanando los estragos causados por las palabras que nunca llegaron y las miradas que se quedaron perdidas en el sueño...
Se ausenta la tristeza por un rato, pero el sinsabor de querer amar aparece de nuevo cuando el efecto tranquilizante de los buenos momentos caduca.
Ojalá existieran caminos sin regreso que nos dejaran en el lugar preciso, con la compañía perfecta y los sabores que nos puedan hacer bailar sin parar, con pies de nube, palabras mudas que solo las miradas entiendan y besos que no tengan dueño...
Un vino más por tan grandioso escape, un brindis con tu recuerdo y un beso enredado en deseo que tal vez no llegue a ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario