Se ausenta la tristeza por un rato, pero el sinsabor de querer amar aparece de nuevo cuando el efecto tranquilizante de los buenos momentos caduca.
Ojalá existieran caminos sin regreso que nos dejaran en el lugar preciso, con la compañía perfecta y los sabores que nos puedan hacer bailar sin parar, con pies de nube, palabras mudas que solo las miradas entiendan y besos que no tengan dueño...
Un vino más por tan grandioso escape, un brindis con tu recuerdo y un beso enredado en deseo que tal vez no llegue a ser.
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